17 de mayo de 2012

MEDIO ALBEDRÍO


Siempre había vivido con la incómoda sensación de no ser él quién tomaba las decisiones, como si algo o alguien lo dirigiera y acabara eligiendo en contra de su verdadera voluntad.
Eso le preocupaba bastante, casi tanto como cuando se miraba en el espejo y no se reconocía. La imagen reflejada tenía sus mismos rasgos, el lunar en la mejilla derecha y ese hoyuelo en la barbilla. Pero no era él.
Los médicos tampoco se explicaban cómo se había dislocado el hombro mientras estaba despachurrado en el sofá sin hacer nada. O el día que estando en la consulta por una revisión médica del trabajo se le empezó a amoratar y a hinchar el ojo derecho.
Nadie podía sentir la sensación de soledad, angustia e incomprensión en la que vivía. Nadie excepto Jaime, el hermano gemelo del que había sido separado nada más nacer.